Por: Adonia Méndez A
Tras observar los abusos que comenten algunos uniformados dela PolicÃa Nacional,quienes sin importar la posición del ciudadano consideran que solo por supresencia debe temblar la tierra, tiende a consternar mi sentidos y a la vezcriticar las actividades abusivas que margen estos a diario.
Y es que los barrios más vulnerables de nuestra sociedad,son los escenarios que aquellos que son llamados a mantener la paz, loconvierten en un campo de batalla, donde al final del juego siempre losuniformados tienden ser los protagonistas.
Tal situación me aterra, y la vez consterna mi espÃritu, elsaber que al igual que yo existen muchos que piensan que no hay medios, dondese pueda oÃr su voz.
Sabemos que la ola delincuencial crece cada vez más ennuestra sociedad, y estamos de acuerdo a que los transgresores se les apliquetodo el peso de la ley, pero jamás podemos tolerar que a ciudadanos de trabajohonesto y solidarios sean lastimados, y atemorizados por agentes uniformados.
Un hecho que avala esta declaración y al mismo tiempo meconsterno, fue el caso del ciudadano David Gil, repartidor de periódico DiarioLibre., quien fue golpeado brutalmente por agentes policiales del cuartel deinvivienda, quienes le rompieron dos hueso de la cara, y quien esta ingresadoen el hospital traumatológico DarÃo Contreras.
Lamentable y penosa es esta citación, el joven Gil, a quienconozco hace más de 12 años, es un ciudadano trabajador a quien insistentementepedimos no dejar al olvido que se continué la pesquisa del hecho.
Aprovecho las lÃneas para incitar, al procurador general de la República, RadhamésJiménez Peña, al fiscal de la Provincia Santo Domingo, Perfecto Acosta, alnuevo jefe de la PolicÃa Nacional, mayor José Armando Polanco Gómez, y demás altos oficiales militares, a no solodetenerse a observar este lamentable caso sino más bien a continuar indagandoen los demás sectores del paÃs, para que se encuentren con los demás delitosocultos por manos de los uniformados.
Considero, que el respeto y la honestidad son dos valoresque deben describir nuestras autoridades, y no el abuso de poder que es laprincipal caracterÃstica que lo califica.

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